Muere Manolo Arjona, miembro fundador de Locomía, a los 58 años

La música española despide a una de las personas que estuvieron en el origen de Locomía, uno de los grupos más llamativos y recordados de los años ochenta y noventa. Manolo Arjona, integrante de la primera etapa de la banda y figura clave en sus comienzos, falleció de manera repentina el 1 de julio de 2026 en su casa de Viladecans, en Barcelona. Aunque algunos titulares difundieron otra cifra, las fuentes españolas que confirmaron la noticia situaron su edad en 58 años.

Una muerte inesperada

La noticia sorprendió por completo, ya que, según los medios que informaron del hecho, Arjona había llevado una jornada normal antes de acostarse. En sus últimos años había encontrado en la pintura una afición muy importante, y precisamente estuvo pintando durante el día. Después se fue a dormir y no volvió a despertar. Por el momento, no se habían hecho públicas las circunstancias exactas de su fallecimiento.

Su pérdida vuelve a poner el foco en la historia de Locomía, un proyecto que rompió moldes con una imagen imposible de confundir. Los grandes abanicos, la ropa vistosa, las siluetas exageradas y las coreografías marcadas ayudaron a construir una identidad visual que dejó huella en el pop español.

Locomía no solo fue un grupo musical: también fue una propuesta estética que marcó una época y convirtió su imagen en parte de la cultura popular.

El inicio del proyecto en Ibiza

Manolo Arjona formó parte de la etapa fundacional. En 1984 llegó a Ibiza junto a Xavier Font, uno de los grandes impulsores del grupo. Allí se integró en un entorno artístico y nocturno que acabaría siendo decisivo para el nacimiento de Locomía. Los primeros ensayos no se hacían en grandes estudios, sino en locales de la isla, donde también confeccionaban su propia vestimenta y pulían una propuesta que pronto llamó la atención.

El grupo empezó a ganar visibilidad en espacios como la discoteca KU, donde su puesta en escena destacaba con facilidad entre otras actuaciones. Arjona no fue un añadido posterior, sino una pieza presente desde el momento en que se fueron definiendo los rasgos que harían reconocible a la formación.

  • Participó desde la primera fase del grupo.
  • Ayudó a construir la identidad visual inicial.
  • Estuvo ligado al ambiente creativo de Ibiza.

Del ambiente nocturno al éxito discográfico

Con el tiempo, el productor José Luis Gil convirtió aquella propuesta nacida en la noche ibicenca en una banda con aspiraciones discográficas. Así, Locomía pasó de actuar en discotecas a ocupar espacios en radios, listas de ventas y escenarios de mayor alcance. En 1989 llegó el álbum Taiyo, con temas como Loco Mía y Rumba, Samba, Mambo, y el fenómeno empezó a crecer rápidamente dentro y fuera de España.

El impacto fue notable. El grupo obtuvo discos de oro y platino, y logró expandirse por Latinoamérica con una fuerza poco habitual para una formación española de ese estilo. Incluso llegó a colocarse entre los diez primeros puestos de las listas británicas, un logro muy llamativo para una banda con una propuesta tan singular.

Conflictos, cambios y regreso parcial

Sin embargo, el camino no fue sencillo. La historia de Locomía estuvo marcada por tensiones internas, cambios de miembros y desacuerdos vinculados a contratos y representantes. Arjona vivió esos años desde dentro y, más adelante, habló sin rodeos sobre las dificultades que atravesó en la etapa de mayor exposición pública.

En 1992 dejó la banda tras varios años de intensa actividad. Aun así, su relación con Locomía no terminó ahí. Con el paso del tiempo participó en distintos intentos de recuperación del proyecto y, en la década de 2010, se mostró ilusionado con una nueva oportunidad para volver a reunir la esencia del grupo.

Su vínculo con Locomía fue más largo que su etapa de mayor fama: también formó parte de intentos de regreso y nuevas reuniones con el paso de los años.

Una vida más tranquila y dedicada al arte

Con los años, Arjona se alejó poco a poco del ruido mediático. Tras una época de giras, viajes y gran atención pública, eligió una vida más serena cerca de su entorno familiar. En ese periodo, la pintura se convirtió en una de sus principales formas de expresión y en una compañía constante hasta el final.

Esa afición hace todavía más humana y silenciosa su despedida. Según la información publicada, pasó parte de su última jornada pintando y luego se acostó. No se había confirmado ninguna enfermedad concreta antes de su muerte, por lo que cualquier interpretación sobre las causas sería prematura.

El adiós de Locomía

La banda recordó a Arjona en sus redes sociales como una figura esencial en el sueño que comenzó en Ibiza. También subrayó su sensibilidad artística y su importancia en los primeros pasos de la formación. José Luis Gil, una de las personas que más influyó en la transformación del proyecto, lo definió como alguien bondadoso y muy ligado al espíritu del grupo.

Su fallecimiento vuelve a traer al presente la historia intensa de Locomía, un grupo que vivió un éxito enorme pero también muchas dificultades. Otros miembros originales, como Santos Blanco y Frank Romero, murieron en 2018, ambos a los 46 años, lo que ha alimentado comentarios sobre una supuesta “maldición”, aunque no exista ninguna relación demostrada entre esos hechos.

Más allá de rumores, el legado de Manolo Arjona queda unido a una etapa muy especial del pop español. Fue parte de una formación que rompió esquemas, llevó su estética a varios países y dejó una huella difícil de borrar. Con su muerte desaparece uno de los testigos directos de aquella primera Locomía, pero permanece su lugar en la memoria musical de varias generaciones.

Su historia resume la de muchos artistas que alcanzan la fama muy jóvenes y, con el tiempo, buscan otra forma de vivir lejos de los focos. Arjona encontró en la pintura un refugio creativo y en ese mundo pasó sus últimos años. Ahora su nombre queda ligado para siempre a una de las aventuras más singulares del pop en español.

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